Depresión, adicciones, VIH y graves complicaciones médicas fueron parte del largo camino que el periodista enfrentó con valentía hasta sus últimos días.
La muerte de Andrés Caniulef, a los 48 años, provocó una profunda conmoción en el mundo del espectáculo y entre quienes lo conocieron de cerca. El periodista falleció tras sufrir un paro cardiorrespiratorio en Santiago, dejando tras de sí una historia marcada por la exposición pública, pero también por una lucha íntima y constante por su salud.
Hasta poco antes de su fallecimiento, Caniulef se mantenía activo y motivado. Había asumido un nuevo desafío televisivo en Tevex, integrándose al programa No es lo mismo, lo que reflejaba su vocación y su permanente deseo de seguir adelante, pese a los difíciles momentos que había atravesado.
Uno de los episodios más complejos ocurrió en 2018, cuando fue internado por un cuadro de depresión severa. En ese momento, cercanos explicaron que el periodista había reconocido la necesidad de apoyo profesional, dando un primer paso clave en un proceso de sanación que no sería sencillo.
Al año siguiente, su situación se agravó. Andrés ingresó a una clínica de rehabilitación por consumo de drogas, donde permaneció cerca de diez meses. Él mismo relató que había vivido un periodo de consumo crónico que lo dejó completamente colapsado, obligándolo a detener su vida laboral para priorizar su recuperación.
Durante ese proceso, Caniulef fue transparente respecto a su experiencia. Reconoció que las drogas aparecieron como una forma de escapar del dolor emocional, pero terminaron convirtiéndose en un problema aún mayor. Tras la rehabilitación, debió continuar durante años bajo monitoreo de salud mental, consciente de la fragilidad de su equilibrio.
En 2025, el periodista reveló públicamente otro duro golpe: su diagnóstico de VIH positivo, del cual se enteró mientras trabajaba en Chilevisión. En entrevistas, recordó ese momento como uno de los más devastadores de su vida, marcado por el miedo, la confusión y una profunda sensación de fin.
A esto se sumaron graves problemas físicos. En julio de este año fue internado en la UCI tras una infección en la pierna que derivó en un shock séptico, situación que incluso obligó a inducirle un coma. Aunque logró salir adelante, las secuelas afectaron seriamente su calidad de vida y su movilidad.
Finalmente, este viernes, Andrés Caniulef sufrió una descompensación que terminó en un paro cardiorrespiratorio, sin que los equipos de emergencia pudieran revertir la situación. Su historia deja al descubierto una lucha dura, honesta y muchas veces invisible, que hoy es recordada con respeto y profunda emoción.



