Perfil del atacante de Calama: TEA, depresión severa y una oscura planificación

Perfil del atacante de Calama: TEA, depresión severa y una oscura planificación

Nuevos peritajes revelan el historial de salud mental de Hernán Meneses, el joven de 18 años que protagonizó la tragedia escolar en el norte del país.

Surgieron antecedentes clave sobre Hernán Meneses, el joven de 18 años imputado por el brutal ataque en un colegio de Calama. El saldo de la tragedia, que incluye el asesinato de una inspectora y cuatro heridos, ha puesto el foco en su complejo historial psicológico y los factores que marcaron su infancia en la zona norte.

A los 12 años, Meneses fue diagnosticado con Trastorno del Espectro Autista (TEA) en un centro especializado de Calama. Informes médicos del año 2021, firmados por un equipo multidisciplinario, enfatizaban que el menor requería apoyo constante para la comunicación social y un acompañamiento permanente de especialistas en salud mental.

El tratamiento incluía un equipo de psicólogo, psicopedagogo y neurólogo, con evaluaciones anuales obligatorias. Este diagnóstico no era un secreto: el establecimiento educacional estaba al tanto de su condición, con el fin de que los docentes pudieran adaptar el entorno a sus necesidades particulares.

La defensa del joven busca hoy la inimputabilidad, argumentando que Meneses llevaba un extenso periodo bajo fuerte medicación. Según los defensores públicos, el consumo de fármacos como sertralina y zoplicona pudo haber alterado significativamente su juicio de la realidad al momento del ataque.

Entre el bullying y el aislamiento extremo

Debido a un cuadro de agotamiento físico extremo, los médicos habían autorizado que el joven asistiera a clases en modalidad de media jornada. A pesar de estas facilidades, los informes escolares de julio del año pasado daban cuenta de un bajo rendimiento académico y la necesidad de refuerzo constante.

Con el paso del tiempo, su diagnóstico derivó en una depresión severa. Según los testimonios de su entorno, el estudiante era víctima de bullying, lo que lo llevó a refugiarse en redes sociales y a aislarse en su habitación a oscuras, manteniendo siempre las cortinas cerradas para evitar el contacto con el exterior.

Buscando una salida a su estado emocional, Meneses llegó a participar en talleres de teatro para encontrar motivación. Sin embargo, detrás de esa búsqueda de integración, se gestaba una realidad mucho más sombría que quedó al descubierto tras los peritajes realizados a sus pertenencias y escritos personales.

La fiscalía descartó que el joven actuara por un impulso momentáneo. La evidencia presentada en la formalización confirmó una planificación detallada de la masacre, con escritos donde Meneses manifestaba su intención explícita de atacar a niños de primero básico y a cualquier funcionario que intentara detenerlo.