Un cercano al joven de 18 años rompió el silencio en redes sociales para intentar explicar el trasfondo psicológico tras el asesinato de la inspectora.
Tras el impactante crimen en el Instituto Obispo Silva Lezaeta, un amigo cercano al autor del ataque utilizó sus redes sociales para compartir un testimonio inédito. En su declaración, el joven buscó marcar una distancia clara: «Éramos amigos, sí, pero eso no significa que apoye lo que hizo«, enfatizó de entrada, aclarando que no tiene relación alguna con las violentas decisiones tomadas por el agresor.
El relato profundiza en el complejo contexto familiar y emocional que rodeaba al estudiante de 18 años. Según el testimonio, existen antecedentes que «no se pueden ignorar», sugiriendo que el joven arrastraba un historial de carencias afectivas. «Cuando una persona crece sin amor, sin atención, sintiéndose rechazada por todos, eso deja marcas», reflexionó su allegado en la publicación.
Para este testigo clave, el ataque no fue un evento aislado, sino el resultado de un quiebre interno acumulado durante años. Describe al victimario como alguien que guardaba «silencios que nadie escucha», convirtiéndose gradualmente en una persona inestable con problemas de salud mental que, a su juicio, fueron invisibilizados por su entorno más cercano.
El amigo también lanzó una crítica a quienes aseguran que las señales eran evidentes desde el principio. Sostuvo que, aunque los comportamientos extraños existían, «no todos saben reconocerlos» o están dispuestos a intervenir, señalando que incluso la propia familia del atacante falló en comprender la magnitud de lo que estaba ocurriendo en su interior.
Las heridas invisibles detrás del criminal

A pesar de la cercanía que mantenían, el joven confesó su total asombro ante el nivel de violencia desplegado en el instituto de Calama. Reconoció con amargura que «nunca esperé que él llegara a hacer algo así», admitiendo que probablemente nunca llegó a conocer las facetas más oscuras y ocultas que su amigo guardaba bajo la superficie.
El testimonio recalca que hay procesos y «heridas que nadie ve» que configuran estas tragedias, pero fue enfático en no quitarle peso a la justicia. «Nada de eso quita la responsabilidad de lo que hizo», sentenció, dejando claro que comprender el origen del trauma no implica justificar el asesinato de la docente ni las lesiones a los alumnos.
La publicación generó un intenso debate sobre la detección temprana de conductas de riesgo en adolescentes. El autor del posteo insistió en que su único fin era aclarar su posición personal, cansado de las asunciones que el público realizaba sobre él simplemente por el vínculo de amistad que lo unía al hoy detenido por homicidio.
Finalmente, el relato cierra con una reflexión sobre la complejidad de la naturaleza humana y cómo los procesos de descomposición emocional pueden terminar en actos irreparables. Mientras la investigación judicial avanza, estas palabras ofrecen una mirada a la soledad y el resentimiento que habrían alimentado el violento plan ejecutado este viernes en Calama.



