Tras los rumores de una ruptura definitiva lanzados por la prensa de espectáculos, «La Fiera» fue interpelada en vivo por su propio equipo, optando por una estratégica indiferencia.
La llegada de Pamela Díaz a Viña del Mar para la Gala del Festival no estuvo exenta de drama. En medio de las versiones que aseguran el fin de su relación con el político Felipe Kast, su propio programa, Hay que decirlo, desplegó un operativo para obtener la confirmación oficial. Sin embargo, la comunicadora hizo gala de su experiencia mediática para evadir las consultas más directas sobre su presente amoroso.
La bomba estalló originalmente en el programa Que te lo digo, donde el periodista Sergio Rojas afirmó con seguridad que el noviazgo había concluido de manera definitiva, sumiendo a Díaz en uno de sus «peores momentos». Esta información puso bajo presión al equipo de Canal 13, quienes enviaron a Rodrigo Gallina a interceptar a su propia «jefa» apenas bajó de su vehículo en la Ciudad Jardín.
La incomodidad de Pamela Díaz tras pregunta sobre Felipe Kast
Ante la evidente incomodidad del notero en terreno, fue Gissella Gallardo quien tomó las riendas desde el estudio. Con la frase “yo se la voy a hacer porque no tengo nada más que perder”, la panelista lanzó la pregunta que todos esperaban, desafiando incluso las advertencias previas de Ignacio Gutiérrez, quien recordó entre bromas que la última vez que habló de la vida privada de Díaz, fue amenazado por ella.
La interacción fue un ejercicio de evasión profesional. Cuando Gallardo consultó directamente sobre los rumores de término, Pamela Díaz utilizó el ruido de los fanáticos a su alrededor como escudo. «Habla más fuerte, porque la gente me está hablando», respondió la animadora, desentendiéndose de la interrogante mientras saludaba al público que la esperaba en las afueras del recinto.
Ante la insistencia de Gissella por saber cómo estaba su «corazón hoy día», la respuesta de «La Fiera» fue breve y cortante: «¿Qué día?». Con esta táctica de desorientación, la modelo evitó confirmar o desmentir el quiebre, manteniendo el hermetismo absoluto que ha rodeado este vínculo desde sus inicios, dejando a los panelistas sin la ansiada primicia.
Finalmente, Díaz cerró el contacto enfocándose exclusivamente en su agenda profesional. “Estoy muy contenta, feliz de la vida. Tengo poco tiempo para todo”, sentenció, priorizando su participación en los eventos del certamen por sobre las explicaciones sentimentales. Esta actitud solo alimentó las especulaciones de que el quiebre es real pero no será admitido públicamente por ahora.
El episodio deja en evidencia el complejo rol de los programas de farándula que deben reportar sobre sus propios rostros. La tensión entre la amistad y el deber periodístico marcó la pauta de una tarde donde la protagonista absoluta fue la ambigüedad, dejando la duda instalada para su paso por la alfombra roja del Sporting.
La incertidumbre sobre si desfilará sola o acompañada se mantiene como el principal gancho de la semana. Mientras tanto, su círculo cercano guarda silencio, respetando la decisión de Pamela de no entregar detalles hasta que ella lo considere oportuno, demostrando que, incluso en su propio programa, ella es quien dicta las reglas del juego.




